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PAISAJE Y POESÍA EN LA OBRA DE JESÚS CONTRERAS, “CHECHU” Jesús Contreras, “Chechu”, busca, sobre todo,
seducir. Algunos dirán que los trabajos en barro, piedra o bronce de este
hombre extrovertido y campechano son experimentos artísticos que tienen como meta
ironizar sobre lo arquetipos ortodoxos de la escultura abstracta . No faltarán
quienes vean en él a un amigo del desierto y la soledad que opta por un
lenguaje simbólico abreviado en imágenes cotidianas y domésticas que han de
repetirse cíclicamente hasta adquirir nuevos horizontes. Es probable que estas
opiniones tengan algo de verdad. Pero el gran mérito de este “bardo salense”
poco tiene que ver con esa definición de su persona o con la adscripción a esta
o aquella corriente cultural. Su valor es haber tenido el coraje de inventar
una nueva epopeya, la de nuestra tierra serrana –sus paisajes y sus paisanajes-
y contárnosla desde su afición feliz de viajero, huyendo de cualquier vocación
provinciana; y también el haberlo conseguido utilizando los recursos
estilísticos con claridad, dominando un oficio vareado y ocurrente, dueño de
una intuición genial.
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Decía el escritor Paul Valéry que “un hombre que jamás haya intentado hacerse semejante a los dioses es menos que un hombre”. Hace ya algún tiempo que esa lección la aprendió “Chechu” en su exacta dimensión. Por eso no dejemos de acudir a cada exposición a la que este creador nos cite, porque en cada obra “Chechu” es, porque en cada obra “Chechu” está.
RAUL FERNANDEZ |